Treat education as infrastructure during wartime, say researchers in Ukraine
Treat education as infrastructure during wartime, say researchers in Ukraine
War destroys laboratories and instruments. It also severs the human networks through which science reproduces itself. It disrupts mentorship, collaborations and informal ties that turn students into researchers.
In a new Comment in Nature Genetics, an international team including Centre for Genomic Regulation (CRG) researcher Roderic Guigó argues that protecting science under the systemic stress of wartime means treating education and training itself as infrastructure, rather than as a series of one-off events.
The authors draw on the experience of running the Ukrainian Biological Data Science Summer School (UBDS3), held in person at Uzhhorod National University in western Ukraine since 2023, which is in session again this month from 11 to 25 July 2026.
Because martial law prevents most male students and early-career researchers from leaving the country, any model that depends on travelling abroad excludes them entirely. BDS³ inverts this by bringing world-class researchers into Ukraine, giving participants a point of contact with the international scientific community they would otherwise have no easy way to directly interact with.
What started as a two-week pilot that drew more than a hundred students to Uzhhorod, Ukraine's westernmost city, UBDS3 has run every summer since, offered free of charge, with travel, room and board covered, and taught bilingually in Ukrainian and English by faculty from leading research institutions across Europe, North America and Asia, including the CRG.
The school is one half of a larger effort centred on Uzhhorod. A new genomics research facility in the city's university has already begun to deliver clinical dividends, including corrected diagnoses for patients with a rare, treatable form of diabetes, a reminder that research depends entirely on the trained people the school exists to produce.
"Biological data science did not exist as an organised field in Ukraine before this initiative. My objective is to bring as much expertise to Uzhhorod as I can in whatever time I have left and turn it into the Cambridge of Ukraine," says Taras Oleksyk, corresponding author from Uzhhorod National University and Oakland University in the United States and one of the main instigators of the school.
From this experience the authors set out three design principles for resilient scientific capacity. The first is a decentralised, cloud-based computing that does not depend on any single facility. Research institutes face infrastructure damage, energy instability and power cuts, so decentralised workflows can keep running even when local conditions are disrupted by events like air raids.
The second is a "train-the-trainer" structure in which former students return as instructors. Alumni now regularly return to teach the next cohort of BDS³, a self-renewing pipeline that has turned a series of courses into lasting institutional memory.
"It is an irreplaceable experience for the trainers. It is a sobering reminder of both how privileged we are and how fragile the stability of the world we live in is," says Dr. Guigó.
Finally, the authors call for a non-extractive type of international collaboration, in which partners contribute expertise and access without recruiting participants permanently away so that internationalisation strengthens local science rather than draining it.
The school's scientific leadership also includes CRG alumnus Fyodor Kondrashov, a former group leader now at the Okinawa Institute of Science and Technology, where he directs the School of Molecular and Theoretical Biology. Working with Oleksyk and thanks to the support of the Zimin Foundation and the European Molecular Biology Organization (EMBO), he has helped establish the school. The CRG's Roderic Guigó has also helped in the organization of BDS³ and has taught at past editions in person.
The lesson, the authors argue, is not confined to Ukraine. Climate disasters, energy failures, cyberattacks and funding shocks increasingly disrupt research systems everywhere, and the same distributed, people-centred model applies wherever infrastructure or mobility cannot be taken for granted.
Five early-career researchers from Barcelona's community took part in this year's edition, all connected to the school through CRG's networks: Julia Rühle and Iseult Leahy, both at the CRG; Max Ticó, of the University of Barcelona; Guillem Guigó-Corominas, of the University of Girona and the University of Vic; and Helena Crowell, of CNAG. Many other CRG researchers have participated in previous editions.
EN CASTELLANO
Educar y formar en plena guerra: la estrategia para preservar el tejido científico en Ucrania
La guerra destruye laboratorios e instrumentos. También destroza las redes humanas a través de las cuales la ciencia progresa. Interrumpe la mentoría, las colaboraciones y los vínculos informales que transforman estudiantes en personal investigador.
En un nuevo artículo de opinión (Comment) publicado en la revista Nature Genetics, un equipo internacional en el que participa Roderic Guigó, investigador del Centro de Regulación Genómica (CRG), sostiene que proteger la ciencia bajo la presión sistémica de la guerra implica tratar la propia educación y formación como una infraestructura, y no como una serie de acciones puntuales.
Los autores se basan en su experiencia organizando la Ukrainian Biological Data Science Summer School (UBDS3), celebrada de forma presencial en la Universidad Nacional de Úzhgorod, en el oeste de Ucrania, desde 2023, que este año volvió a celebrarse del 11 al 25 de julio de 2026.
Dado que la ley marcial impide salir del país a la mayoría de los estudiantes y jóvenes investigadores varones, cualquier modelo que dependa de viajar al extranjero los excluye por completo. La UBDS3 lleva a Ucrania a personal investigador de primer nivel, lo que ofrece a quienes participan un punto de contacto con la comunidad científica internacional con la que, de otro modo, no tendrían una vía fácil de interacción directa.
Lo que empezó como un programa piloto de dos semanas que atrajo a más de cien estudiantes a Úzhgorod, la ciudad más occidental de Ucrania, se celebra desde entonces cada verano. Es gratuito, cubre los gastos de viaje, alojamiento y manutención, y se imparte de forma bilingüe, en ucraniano e inglés, a cargo de profesorado de instituciones de investigación de referencia de Europa, Norteamérica y Asia, entre ellas el Centro de Regulación Genómica.
La escuela es una de las dos vertientes de un esfuerzo más amplio centrado en Úzhgorod. Una nueva instalación de investigación genómica en la universidad de la ciudad ya ha empezado a dar frutos clínicos, entre ellos la corrección de diagnósticos en pacientes con una forma rara y tratable de diabetes.
"La ciencia de datos biológicos no existía como disciplina organizada en Ucrania antes de esta iniciativa. Mi objetivo es aportar a Úzhgorod todo el conocimiento experto que pueda en el tiempo que me quede y convertirla en la Cambridge de Ucrania", afirma Taras Oleksyk, autor de correspondencia en el artículo, con afiliación a la Universidad Nacional de Úzhgorod y a la Universidad de Oakland (Estados Unidos), y uno de los principales impulsores de la escuela.
A partir de esta experiencia, los autores establecen tres principios de diseño para lograr una capacidad científica resiliente. El primero es una infraestructura computacional descentralizada y basada en la nube que no dependa de ninguna instalación concreta. Los institutos de investigación se enfrentan a daños en las infraestructuras, a la inestabilidad energética y a los cortes de suministro, de modo que los flujos de trabajo descentralizados pueden seguir funcionando incluso cuando las condiciones locales se ven alteradas por sucesos como los bombardeos aéreos.
El segundo es una estructura de "formación de formadores" (train-the-trainer) en la que el antiguo alumnado regresa como parte del profesorado en nuevas ediciones de la escuela. Hoy, muchas de estas personas vuelven de forma habitual para enseñar a la siguiente promoción de la UBDS3, una cantera que se renueva a sí misma y que ha transformado una serie de cursos en una memoria institucional duradera.
"Es una experiencia inolvidable para quienes ejercen de docentes. Es un recordatorio aleccionador de lo privilegiados que somos y de lo frágil que es la estabilidad del mundo en el que vivimos", afirma el Dr. Guigó.
Por último, los autores reclaman un tipo de colaboración internacional no extractiva, en la que las instituciones asociadas aporten conocimiento experto y acceso sin captar de forma permanente a quienes participan, de modo que la internacionalización fortalezca la ciencia local en lugar de mermarla.
Fyodor Kondrashov también forma parte de la dirección científica de la escuela. Exalumno del CRG y antiguo jefe de grupo, actualmente está en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa, donde dirige la Escuela de Biología Molecular y Teórica. En colaboración con Oleksyk y gracias al apoyo de la Fundación Zimin y de la Organización Europea de Biología Molecular (EMBO), ha contribuido a poner en marcha la escuela. Roderic Guigó, del CRG, también ha colaborado en la organización de la UBDS3 y ha participado presencialmente como docente en ediciones anteriores.
La lección, sostienen los autores, no se limita a Ucrania. Los desastres climáticos, los fallos energéticos, los ciberataques y los shocks financieros alteran cada vez más los sistemas de investigación en todo el mundo, y este mismo modelo distribuido y centrado en las personas resulta aplicable allí donde no pueda darse por sentada la existencia de infraestructuras o de movilidad.
En la edición de este año participaron cinco jóvenes de la comunidad investigadora de Barcelona, todos vinculados a la escuela a través de las redes del CRG: Julia Rühle e Iseult Leahy, ambas del CRG; Max Ticó, de la Universidad de Barcelona; Guillem Guigó-Corominas, de la Universidad de Girona y la Universidad de Vic; y Helena Crowell, del CNAG. Otras muchas personas investigadoras del CRG han participado en ediciones anteriores.
EN CATALÀ
Educació i formació en temps de guerra: l'estratègia per preservar el teixit científic a Ucraïna
La guerra destrueix laboratoris i instruments. També trenca les xarxes humanes a través de les quals avança la ciència. Interromp la mentoria, les col·laboracions i les connexions informals que transformen els estudiants en investigadors.
En un nou article d'opinió (Comentari) publicat a la revista Nature Genetics, un equip internacional en què participa Roderic Guigó, investigador del Centre de Regulació Genòmica (CRG), argumenta que protegir la ciència sota la pressió sistèmica de la guerra implica tractar l'educació i la formació com una infraestructura, i no com una sèrie d'accions específiques.
Els autors aprofiten la seva experiència organitzant l'Escola d'Estiu de Ciència de Dades Biològiques d'Ucraïna (UBDS3), celebrada presencialment a la Universitat Nacional d'Uzhgorod, a l'oest d'Ucraïna, des del 2023, i que aquest any es va tornar a celebrar de l'11 al 25 de juliol de 2026.
Com que la llei marcial impedeix que la majoria d'estudiants homes i joves investigadors surtin del país, qualsevol model que es basi en viatjar a l'estranger els exclou completament. UBDS3 porta investigadors de primer nivell a Ucraïna, oferint als participants un punt de contacte amb la comunitat científica internacional amb la qual, d'altra manera, no tindrien una manera fàcil d'interactuar directament.
El que va començar com un programa pilot de dues setmanes que va atraure més de 100 estudiants a Uzhgorod, la ciutat més occidental d'Ucraïna, s'ha celebrat cada estiu des de llavors. És gratuït, cobreix despeses de viatge, allotjament i manutenció, i s'imparteix de manera bilingüe, en ucraïnès i anglès, per professorat d'institucions de recerca líders d'Europa, Amèrica del Nord i Àsia, inclòs el Centre de Regulació Genòmica.
L'escola és una de les dues línies d'un esforç més ampli centrat a Úzhgorod. Una nova instal·lació de recerca genòmica a la universitat de la ciutat ja ha començat a donar fruits clínics, incloent-hi la correcció de diagnòstics en pacients amb una forma rara i tractable de diabetis.
"La ciència de dades biològiques no existia com a disciplina organitzada a Ucraïna abans d'aquesta iniciativa. El meu objectiu és portar tot el coneixement expert possible a Úzhgorod en el temps que em queda i convertir-la en el Cambridge d'Ucraïna", diu Taras Oleksyk, autor corresponent de l'article, amb afiliacions a la Universitat Nacional d'Úzhgorod i a la Universitat d'Oakland als Estats Units, i un dels principals promotors de l'escola.
A partir d'aquesta experiència, els autors estableixen tres principis de disseny per assolir una capacitat científica resilient. El primer és una infraestructura de computació descentralitzada basada en el núvol que no depèn de cap instal·lació específica. Els instituts de recerca s'enfronten a danys a la infraestructura, inestabilitat energètica i talls de llum, de manera que els fluxos de treball descentralitzats poden continuar funcionant fins i tot quan les condicions locals es veuen alterades per esdeveniments com bombardejos aeris.
La segona és una estructura de "formació de formadors" en què antics alumnes tornen com a part del professorat en les noves edicions de l'escola. Avui, moltes d'aquestes persones tornen regularment per ensenyar a la següent promoció de l'UBDS3, una pedrera que es renova i ha transformat una sèrie de cursos en una memòria institucional duradora.
"És una experiència inoblidable per a aquells que treballen com a professors. És un recordatori seriós de com en som de privilegiats i de com n'és de fràgil l'estabilitat del món en què vivim", diu el Dr. Guigó.
Finalment, els autors reclamen un tipus de col·laboració internacional no extractiva, en què les institucions sòcies proporcionin coneixement i accés expert sense captar de manera permanent els participants, de manera que la internacionalització enforteixi la ciència local en lloc de minvar-la.
Fyodor Kondrashov també forma part de la direcció científica de l'escola. Antic alumne del CRG i antic líder de grup, actualment treballa a l'Institut de Ciència i Tecnologia d'Okinawa, on dirigeix l'Escola de Biologia Molecular i Teòrica. En col·laboració amb Oleksyk i gràcies al suport de la Fundació Zimin i de l'Organització Europea de Biologia Molecular (EMBO), ha contribuït a posar en marxa l'escola. Roderic Guigó, del CRG, també ha col·laborat en l'organització de l'UBDS3 i ha participat presencialment com a docent en edicions anteriors.
La lliçó, argumenten els autors, no es limita a Ucraïna. Els desastres climàtics, les fallades energètiques, els ciberatacs i els xocs financers estan alterant cada cop més els sistemes de recerca arreu del món, i aquest mateix model distribuït i centrat en les persones és aplicable allà on la infraestructura o la mobilitat no es puguin donar per fetes.
L'edició d'enguany va comptar amb cinc joves de la comunitat investigadora de Barcelona, tots vinculats a l'escola a través de les xarxes del CRG: Julia Rühle i Iseult Leahy, ambdues del CRG; Max Ticó, de la Universitat de Barcelona; Guillem Guigó-Corominas, de la Universitat de Girona i la Universitat de Vic; i Helena Crowell, del CNAG. Molts altres investigadors del CRG han participat en edicions anteriors.

